“Pido por la conversión de mis hijos”, ruego de una madre a la Guadalupana

Doña Constantina tiene a un hijo reportado como desaparecido y a otro, que estaba también sin localizar, lo halló recluido en un penal del estado hace un año. Hizo una promesa a la virgen morena hace cinco años, la cual cumple cada 12 de diciembre

Veracruz, Ver.- (AVC/José Juan García) Doña Constantina fue una de los millones de católicos que visitaron a la virgen de Guadalupe en este 12 de diciembre para darle gracias por favores recibidos, pedirle su amparo o protección o para cumplir una promesa.

Ella hizo una promesa a la “Morena del Tepeyac” hace cinco años y desde entonces no deja de asistir a su festejo.

Sin embargo, la fe de la mujer, quien supera los 50 años de edad, ha sido puesta a prueba en estos años.

Entrevistada al participar en una peregrinación en esta ciudad de Veracruz, recuerda que permaneció en estado de coma durante 13 días hace cuatro años pero se encomendó a “mamita María” y a su hijo Jesucristo y logró recuperarse sin presentar secuelas.

“Pasé por una situación muy fuerte, estuve 13 días en coma, ya ahí está uno muerto pero le dije que me arrepentía de todo corazón de todos los pecados que había cometido; mi fe en sincera en Jesucristo y para que vea que sí, le estoy cumpliendo lo que le prometí, van a ser cuatro años de mi promesa.”

No obstante, el tiempo le traería nuevas aflicciones, las cuales todavía no supera y mantienen su alma en un constante pesar e incluso confiesa que derrama lágrimas en las noches de insomnio.

Uno de sus hijos se encuentra reportado como desaparecido y otro, que estaba también sin localizar, fue hallado recluido en un penal del estado hace un año.

El peregrinar de este 12 de diciembre lo ofrece a la Guadalupana por la conversión de sus hijos.

“Pido mucho por la conversión de mis hijos, a uno no lo he encontrado y al otro ya lo encontré pero está en

un mal lugar, pongo las vidas de mis hijos en manos de ‘mamita María’ y de nuestro señor Jesucristo.”

El rostro de Doña Constantina, el cual refleja el paso de los años y las horas de trabajo, se entristeció al recordar a sus hijos. Sus ojos se humedecieron pero no brotaron las lágrimas porque se contuvo –quizá por la presencia de otros peregrinos que caminaban a su lado-.

Rogó a la Guadalupana que le regrese al hijo que se encuentra desaparecido si es que todavía se encuentra vivo: “Y si no, que (la virgen) me avise para seguir haciendo mucha oración”.

Consideró que su otro hijo quizá no debe estar en la cárcel pero lamentó que los padres de familia desconozcan a qué se dedican sus vástagos cuando se convierten en mayores de edad y se marchan del hogar materno.

Confió en que el tiempo que permanecerá en la cárcel le ayude a recapacitar sobre sus acciones.

“Lo único que le pido y hasta ahorita me ha dado mucha fuerza y mucho valor para ya no seguir derramando lágrimas por él, sí me duele, espero que a él sí lo convierta, yo ruego por él mucho, a veces no puedo dormir y pido por él para que lo convierta, que lo saque de ahí.”

Doña Constantina avanza a paso medio entre el grupo de peregrinos que se dirige hacia el templo donde se venera a la Guadalupana con la confianza de que sus ruegos serán escuchados y de que su promesa hecha hace cinco años no será en vano.

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