Ricardo Anaya émulo de Roberto Madrazo/En la opinión de Javier Roldán

La insoslayable brevedad

Javier Roldán Dávila

Morder la manzana ‘envenenada’ ni es pecado, ni es original…es estupidez recurrente 

Cuando en el año 2000 el PRI perdió por primera vez la elección presidencial (y lo admitió), la parálisis resultante fue aprovechada por un grupo encabezado por Roberto Madrazo,  mismo que se aposentó en las estructuras del partidazo a cualquier precio.

Contra viento y marea, el tabasqueño logró postularse como candidato presidencial, desdeñando todos los equilibrios internos del Revolucionario Institucional, el agandalle tuvo consecuencias funestas, el tricolor se fue al tercer lugar de la contienda.

En 2017, el inexperto Ricardo Anaya pretende hacer lo mismo: apoderándose, a través de incondicionales, de los órganos de control del blanquiazul, intenta aparecer en las boletas como candidato a Los Pinos en 2018. 

En ambos casos hay una similitud que de continuar, tendrá los mismos resultados apabullantes para el PAN: Anaya juega como juez y parte, desconociendo las mínimas reglas de urbanidad política, desde luego, ya provocó la ruptura.

Colmilludos, Peña Nieto y sus asesores lo vislumbran, basta con debilitar la figura del ‘joven maravilla’ (para lo cual hay mucha tela de ‘donde cortar’), para con ello tener un panismo dividido, que en buena parte se podría decantar por el abanderado priista ante la imposibilidad de ganar y convencidos de que, habría que impedir el triunfo de AMLO.

Aunque little Richard no lo admita, los priistas sólo están dando el clásico pase a la red.

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