Sueños de un contribuyente cautivo / En opinión de Luis Miguel Cano López

Redacción MXPolítico.- Si yo fuera mujer, tendría muy en mente no pagar impuestos. Todos los días, a cada momento, expuesta a que me maten, me violen, me agredan. Y ni siquiera estar exenta de que esos ataques procedan de las autoridades responsables de velar por mi seguridad. No pagar impuestos para mí sería una excelente muestra de protesta social o de participar en un ejercicio de desobediencia civil organizada.

 

Si fuera el caso que mi salud estuviera comprometida, o la de mis familiares, y no encontrara en los servicios públicos de salud el equipo, el personal, el espacio o los medicamentos para que se me tratara de manera óptima y oportuna, y ello pusiera en peligro mi integridad y mi vida, o la de las personas que más amo; por supuesto que también dudaría pagarle impuestos a un gobierno que no me cuida.

Si en casa batallara todos los días de todos los meses de todos los años por cubrir las necesidades básicas familiares, si todo lo que laboro solamente alcanzara para sobrevivir, y desde el gobierno se me privara de servicios de cuidado para mi descendencia que me complicaran todavía más las cosas; pues tal vez ni tendría la ocasión de poder pagar impuestos, simplemente no tendría suficientes ingresos.

 

Si fuera víctima de la inseguridad, si viviera con miedo, si tuviera negocios y no pudieran prosperar por la extorsión de la verdadera delincuencia, o peor, si me arrebataran lo poco que tengo y viera que a pesar de denunciar, las autoridades no estuvieran siquiera capacitadas para tener alguna posibilidad de romper el ciclo de impunidad; pensaría dos o tres veces el contribuir a un gobierno tan ineficiente.

Si perteneciera a una comunidad que constantemente es despojada de sus tierras, de sus recursos, si observara contaminados mis territorios y ultrajados mis sitios sagrados, y si además viera que las grandes empresas que de eso se aprovechan continuaran recibiendo tratos privilegiados injustificados por parte del gobierno, en aras de un desarrollo tan ajeno a mi forma de vida; para qué pagaría algún tributo.

 

Con todo, incluso estando en algunos de los escenarios previos no me atravería a inventar comprobantes fiscales que ampararan operaciones inexistentes, falsas o actos jurídicos simulados, así que no trataría de justificar algo injustificable. Aquí no se está hablando de eso, pues ya habrá tiempo para analizar lo que resulte del trabajo legislativo sobre la reforma penal fiscal en marcha. Escribo de algo distinto.

Algo mucho más simple: el gobierno tiene que entregar resultados antes de que nos exija cualquier cosa y pretenda que desarrollemos el compromiso suficiente para actuar en consecuencia. Me daría pena ajena si esta idea indigna a quienes nos gobiernan actualmente. Quizá heredaron un sistema deficiente del todo, pero si han llegado con la promesa de transformar las cosas, primero necesitan cumplir.

La situación se agudiza si además notamos que en el presupuesto de egresos que proyectan, los recursos indispensables para atender las exigencias que demanda la salvaguarda de nuestros derechos humanos se recortan. Constitucionalmente no se encuentra avalado que se disminuyan nuestros dineros públicos que sirven para asegurar nuestros derechos. Eso es regresivo y por tanto, es inconstitucional.

Exclusivamente podría justificarse un recorte extraordinario para algún derecho, si con eso se asegura un mayor nivel de atención para el resto de ellos en general. Pero para llegar a eso, primero se tendría que ahorrar en todos los demás rubros. Uno de los ejemplos más ilustrativos, en mi opinión, lo tenemos en el tema de la política energética. Si contraria los compromisos en materia de cambio climático, si ignora la crisis climática que vivimos, no debería ser una prioridad presupuestal.

Ojalá que algo como lo anterior fuera eje transversal de discusión en las siguientes semanas cuando se decida cómo se ingresa e invierte nuestro dinero público. Una oposición moralmente no derrotada debería considerarlo: primero los derechos, luego los impuestos. Y convendría que tuvieran algo más presente: nadie puede ser aprisionada por deudas puramente civiles, aunque se legislen como una pena. 

 

Autor:  Luis Miguel Cano López 

 

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