La barrida al PRI y las reacciones / En la opinión de Marcos Marín Amezcua

Por Marcos Marín Amezcua

 

Conforme baja la polvareda levantada por esta estampida de votos contra el PRI, vemos los resultados. Lo han barrido, las pérdidas son mayúsculas, tanto como merecidas y peores de lo temido. No ha sido gratuito echar al PRI. Se lo ganó su inoperancia y su sobrada soberbia.

 

Nadie adelantó que Morena arrasaría. Sabíamos, intuíamos  que le iría bien, a juzgar por las encuestas. Suponíamos un triunfo holgado si aquellas no se equivocaban o si no se producía un fraude y desde luego, nos parecía un triunfo posible y hasta allí. De eso a reducir al PRI a una insignificante minoría congresional, a conservar solo 12 gubernaturas, a desaparecerlo de Ciudad de México sin poderla conquistar, como era el plan de Peña Nieto en 2012;  a casi desaparecerlo del Senado y perdidas las posiciones en Oaxaca y San luis Potosí, barrido en Tlaxcala y Estado de México y ganando un cargo apenas en Yucatán, perdiendo los 300 distritos electorales nacionales  su candidato, vamos, es que ni en los mejores deseos de López Obrador. Su campaña fue exitosa y se recreó hace años.

 

Porque años ha que mucha gente se ha ido sumando. No solo gana la izquierda y que los analistas no lo olviden. Voy más: a esos sesudos analistas que solo repiten lo que oyen, sin analizarlo, que lo sepan: no siempre ganar la gubernatura del Estado de México significa ganar la presidencia. El PRI ganó esa entidad en 1999, 2005 y 2017 y perdió la presidencial en 2000, 2006 y 2017. Tres ocasiones son suficientes para demostrar que en la etapa electoral competitiva que vivimos, no hay verdades absolutas.

 

Y como era de esperarse, no agrada cuando medios y partidos, partidarios y simpatizantes han perdido con su gallo. México ha virado a la izquierda y es de suponerse cambios y afectaciones de intereses. Tal y como ocurre cuando se vira a la derecha o al centro. Da igual. Nada que no sepamos.

 

Es además, una excelente noticia que partidos rémoras, desaparezcan. Representaron a nada y nadie. Punto.

 

Dos aspectos me detienen en esta entrega. Uno: los pasos del equipo del candidato ganador y dos, la reacción de la gente en esta campaña.

 

Para el primer caso es alucinante la reacción virulenta de quienes no vieron ganar a su candidato, demostrando clasismo y racismo abierto para el triunfo de un candidato que ni ha gobernado ni les ha quitado nada. Acaso sus esperanzas de un cargo público o un conecte en el gobierno, sí. No sé si López será mejor, pero no ha empezado y es solo hasta entonces cuando las reacciones deberían de manifestarse. Lo mereceríamos por la estabilidad del país.

 

Pero parece que es mucho pedir. Si lo normal es acribillarlo, va, que se acribille en la opinión pública. Yo prefiero esperar porque sé que recibe un país ruinoso y que estos meses serán complicados, pues el PRI se marcha desbaratando rastros, componendas y ocultando evidencias. Dejar todo amarrado se antoja por el necesitado halo de impunidad que se le puede terminar o no, tampoco lo sabemos.

 

Sí escalda ver el desprecio del priismo que burlón, dice: ganó la democracia....Nunca los priistas han sido demócratas. Solo estamos constatándolo. Son malos perdedores. No cabe despreciarla si la sabemos benéfica y persecutora de irresponsables. Pero en el PRI jamás lo entenderán.

 

Como lo vimos en 1997 o en 2000 al perder el PRI el Congreso y la Presidencia, no se le concede nada al opositor. Pero no hay de otra: el priismo deberá aprender a que ni ya manda ni es mayoría y a acostumbrarse a lo que nunca ha podido ser: a no tener el gobierno y al mismo tiempo actuar en favor de México, y por eso no se renueva ni verá por los intereses de México.  Como no lo hizo entre 2000 y 2012.

 

En cuanto a la reacción en las redes sociales es interesante su fluir. Algunos de mis contactos han pasado fácilmente al insulto y a la intolerancia al saber que mi voto sería para López Obrador. Destaco a los priistas intolerantes. Mas no fueron los únicos. Pocos del resto reclamante se han limitado a expresar razones generales del porqué no era conveniente a su juicio, el triunfo de López. Su respeto lo valoro. Ya luego queda lo demás. Yo  reitero que en 2018 era para echar al PRI que no podía continuar, por no ofrecer otra alternativa que la ruina del sexenio Peña y seguir robando a manos llenas y no era opción. Así de sencillo y lo sabemos todos.

 

Pues bien: no ha faltado una excontacto que como posesa, decía que López va a implantar el socialismo, un régimen socialista, afirmándolo la muy "sociatonta" sin pruebas.  Tragó demasiada propaganda. Sencillamente me cuestionaba el sentido de mi voto. Ridícula decía que yo contribuiría a que el socialismo se estableciera en México. Vamos, alucinante la chica, loca de atar. Otros contactos han cuestionado el sentido de mi voto señalando que no era el mejor, que era yo incongruente por buscar yo la libertad y la verdad, cosa real, pero que ya no, y yo respondo: por buscarla, por eso no podía yo votar PRI.

 

Sus ataques facilones pero carentes de reflexión, boberías, eran en vez de plantear porqué su candidato, Meade, por ejemplo, era mejor y no respetaban mi derecho libre a votar. Pasaban no por la discusión de plataformas, sino por la intención de la persona, en plano invasivo, grosero, al que no tienen derecho. Dejo de lado a los alejados o callados. somos una sociedad que como otras, en el plano electoral no respeta el espacio del otro.

 

Lo normal. Nada de qué preocuparse.

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Las opiniones emitidas en esta columna son responsabilidad de quien la escribe y no reflejan necesariamente la línea editorial de este medio.

 

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